domingo, 9 de octubre de 2016

VAMOS A HACER UN EXPERIMENTO

Ha llegado la hora de probar cosas nuevas y de arriesgar un poco. A partir de mañana, iré colgando por entregas en este blog una novela cuyo primer capítulo ya adelanté aquí mismo en febrero y que tiene una especie de título-spoiler: Yo no he muerto en México. Empezaremos con un tratamiento razonable: una triple dosis cada semana (lunes, miércoles y viernes). Luego veremos si se ralentiza o se acelera, dependiendo también de factores técnicos o profesionales. Prometo llegar hasta el final, eso sí, y reconozco que es legítimo que alguien entienda esta promesa como una amenaza.
¿Por qué voy a hacerlo? No sé si la pregunta es relevante, pero en todo caso diré que la vida es corta y el mundo editorial está muy atascado ahora mismo. Desde luego, la literatura digital puede ser una erupción pasajera del ego literario en esta época de obesidad mórbida de la cultura, pero tampoco tengo del todo claro que la mejor alternativa sea la inhibición por simple timidez o por elitismo. Por tanto, no veo nada que perder en este ataque de generosidad literaria, salvo parecer muy narcisista, y cualquier bloguero lo es desde el primer momento. Además, creo que, a diferencia de otros proyectos que tengo en marcha, la estructura de la novela e incluso su tono general están bastante cercanos a lo que suele ser este blog, por lo que la coherencia puede al menos ser una posible justificación.
Admito que la novedosa interacción con los lectores me tienta y me inquieta al mismo tiempo. Las estadísticas de visitas, una ventaja de los blogs, tal vez acaben siendo en este caso muy frustrantes si compruebo que van desapareciendo los lectores con el paso de las entregas; con los libros en papel, al menos tienes la ventaja de que el editor siempre se olvida misteriosamente de enviar las liquidaciones, lo que te libra de conocer los datos del fracaso (no es fácil llegar a ser un Javier Marías, que tiene la suerte de controlar que ha vendido “unos siete millones de copias” de sus libros, según dice). Pero, en realidad, no importa; empezaremos el juego de todos modos. La verdad es que no tengo por qué intentar engañar a nadie: siento un inmenso placer nostálgico por recuperar el encanto primario de las historias por entregas. O sea que allá vamos. Hasta mañana.


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