domingo, 7 de febrero de 2016

CONTRA LA IRONÍA


Me permito elegir hoy un rival difícil y casi insuperable. Un rival que incluso está dentro de mí y que, sin llegar a ser virus, me domina bastante a menudo: la ironía.
En estos tiempos todo el mundo parece irónico, o disfruta con la ironía. Las novelas, los artículos, las películas, los programas de televisión, se subliman inmediatamente si contienen “una visión irónica”. Como recurso estético, parece una garantía de éxito, sobre todo si es “fina”: ¿quién que es no es irónico, o recompensa al que lo es? Nos hace sentir más inteligentes, porque se basa precisamente en la posición activa del receptor del mensaje, y encima nos arranca una sonrisa: una fórmula perfecta para el circuito artístico y para cualquier espectáculo que se precie. Además, como vivimos en un tiempo de incertezas y pluralismos, la ironía funciona aparentemente como antídoto de absolutismos y dogmatismos. Se diría que la ironía es la credencial más visible de la inteligencia contemporánea  y que su prestigio ha crecido acorde con la decadencia de las ideas solemnes y el pensamiento trágico. ¿Cómo oponerse a ese valor dialógico y antiautoritario? El mundo es un desastre y sólo nos queda la ironía, que es una forma sofisticada y menos vulgar de la risa, porque ésta siempre es más compulsiva y a veces deja escapar pequeños salivazos poco elegantes. El sermón, además, ha muerto como género, y reírse del bufón o del tonto de siempre ya no es políticamente correcto. La ironía es la perfecta herramienta del ciudadano culto y demócrata para seducir y para vacunarse contra males y trascendencias.
Las redes sociales y la televisión han expandido los usos irónicos y nos han llenado las pantallas de jajajajajas. Qué divertido se ha vuelto el universo. Habría que ver cuántas veces la onomatopeya está justificada con un movimiento real de mandíbula, pero lo que más me preocupa es la sobredosis de ingenio y supuesta mordacidad como imagen de la realidad. Tanto humor encapsulado para su fácil deglución quizá no sea precisamente la apoteosis de la crítica, sino su adocenamiento esterilizador, su anestesia más efectiva.
Sí, todo el mundo es gracioso; incluso yo lo fui alguna vez, dicen. Pero alguien debería pensar en lo que el carnaval era para Bajtin y lo que el carnaval es hoy para El Corte Inglés. El triunfo del humor aparentemente inteligente y multitudinario puede llegar a ser precisamente su suicidio. Disfrutamos del humor como del iPhone, y la frivolidad se disfraza con ropajes elegantes y cultos. La parodia, el homenaje y el plagio se confunden en el potaje de la cultura de consumo, pero todos parecemos pasarlo bien en los momentos de ocio. La ironía nos convence así de que no somos ignorantes y que vamos un paso por delante de toda alienación.

Oh, la ironía. Por los siglos de los siglos, amén. Pero abandonad toda esperanza.

7 comentarios:

  1. La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. "Amos Alcott".

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    1. Sin duda, querido amigo. Aunque ahora me estás haciendo pensar...

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  2. Vaya, justo tu entrada más seria, la más trágica (al menos para mí) es la que dedicas a la ironía. :-) Recuerdo que como profesor tú tenías esa habilidad de resultar solemne y desternillante al mismo tiempo, de hablar solemnemente irónico de cualquier fenómenos literario. Era un placer.

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    1. Será la madurez, querido dr. Reyes. Un abrazo

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  3. "La pos-pos modernidad nos ha hecho irónicos hasta la médula
    Estais por encima de todo
    Todo lo conocéis
    Todo lo sabéis
    Todo lo habéis vivido
    Habéis construido, conmigo, la metrópolis irónica
    [...]
    Todo se ejecuta ahora con distancia, a la distancia, con frialdad y supuesta inteligencia. Mentira
    Da lo mismo si se trata de un alcalde o de un artista conceptual: hacéis movimientos, gestos, que promueven en vuestro auditorio esa sonrisita de mierda de 'te entiendo, ya lo pillo, entiendo el guiño, esto debe tener algo que ver con Godard'
    Una comunidad especialista en guiños
    Así que todo en vuestras vidas son guiños
    Amanece, capullos
    Y no lo celebráis, miráis el amanecer con autosuficiencia, tenéis vuestro guiño para estar por encima de la salida del sol
    El sistema se fundamenta en el déjà-vu y yo me pregunto si un otoño se repite"
    R. G., Gólgota Picnic.

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    1. Anda, pero si es el Rodrigo García, no me había dado cuenta hasta ahora. A ver si al final me va a gustar, a pesar de todo.

      Por cierto, ya no nos vimos por Sevilla. ¿Todo bien?

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